Vino, alojamiento y territorio en el corazón manchego.
Hay proyectos vitivinícolas que terminan en la botella y otros en los que el vino es el punto de partida. Hacienda Albae pertenece a estos últimos. Entre viñedos, en el entorno de Argamasilla de Alba (Ciudad Real), la finca ha ido tomando forma con una idea que estaba presente desde el principio, construir algo más que una bodega.
El proyecto comenzó en 1990 con la plantación de las primeras cepas y una mirada puesta en el largo plazo. Durante años, el objetivo estuvo centrado en conocer el terreno, formar viñedos y obtener uvas de calidad y comprobar su potencial mediante elaboraciones realizadas en otras bodegas. Después llegaría la construcción de unas instalaciones propias y el crecimiento progresivo de su viñedo.
Pero aquella hoja de ruta contemplaba más etapas. Desde Hacienda Albae explican que la aspiración ha sido crear un espacio con un concepto próximo al de un Château: un lugar en el que exista equilibrio entre la maduración de la uva, su transformación en vino y, finalmente, la posibilidad de disfrutar de ese vino allí donde nace.
El resultado actual reúne la finca, donde comenzó todo, bodega, alojamiento, restauración y la posibilidad de vivir distintas experiencias enoturísticas.
El vino sigue siendo el punto de partida
Hacienda Albae continúa siendo, ante todo, un proyecto vitivinícola, y buena parte de su identidad se entiende desde el lugar en el que se asienta.
La bodega se encuentra sobre el acuífero 23, una de las mayores reservas de agua subterránea de España, en un entorno que combina unas condiciones de suelo singulares con un clima especialmente favorable para el cultivo de la vid. Sobre esas bases, se extienden hoy más de 200 hectáreas de viñedo, integradas en una explotación agrícola que ronda las 600 hectáreas.
Ese vínculo con el terreno forma parte también del relato que se transmite al visitante. La experiencia comienza explicando la zona, la forma de trabajar la uva y las particularidades del viñedo para después adentrarse en la bodega, recorrer las salas de fermentación y crianza y terminar en la sala de catas. El camino completo desde el terroir donde nacen las uvas al vino que se consumen en numerosos países.

Hacienda Albae trabaja tanto en el campo como en la bodega en ecológico y reivindica precisamente cómo clima, suelo y disponibilidad de agua terminan dejando su huella en las uvas y, después, en los vinos. Como se imprima ese “terroir” en el producto final.
Entre las referencias más representativas de la casa se encuentran Hacienda Albae Grand Viognier, Diablar Syrah, Hacienda Albae Cabernet sauvignon y Hacienda Albae Malbec, cuatro vinos que ayudan a mostrar perfiles diferentes dentro de un mismo proyecto.
Pero en este caso la botella no aparece aislada del resto de la experiencia. Los vinos acompañan las catas, las comidas, los encuentros con amigos o una estancia de fin de semana. Son, en definitiva, el nexo que conecta viñedo, bodega, gastronomía y alojamiento.
TE PUEDE INTERESAR: Adrián de Pablo, el enólogo que define el estilo de Hacienda Albae desde el viñedo
De visitar una bodega a quedarse
Una estancia en Hacienda Albae puede comenzar con la visita a la bodega, continuar con una cena maridada por sus vinos y terminar sin necesidad de abandonar la finca. El hotel cuenta únicamente con 15 habitaciones, una dimensión deliberadamente reducida con la que se busca mantener un ambiente cercano, tranquilo, familiar…
Tomar un vino o un café en el patio, caminar entre las viñas o despertarse escuchando los pájaros son algunos de esos momentos aparentemente sencillos con los que Hacienda Albae construye su propuesta de alojamiento. En sus propias palabras, uno de los valores de la finca es precisamente su “quietud”.
«El hotel cuenta con sólo 15 habitaciones y busca una experiencia cercana, tranquila y de desconexión»
El perfil del huésped es diverso. Hay aficionados que conocen bien el mundo del vino y otros que apenas comienzan a descubrirlo, pero existe un denominador común, la búsqueda de una experiencia diferente y relajada.
Desde la propiedad lo resumen de una forma mucho menos solemne, el principal objetivo es “pasar un buen rato”. Después llegan casi inevitablemente la curiosidad, las preguntas y las ganas de probar o aprender algo nuevo.
A su público particular se está incorporando también un pequeño segmento empresarial. Reuniones de equipos, presentaciones de producto o jornadas de team building comienzan a encontrar en la finca un escenario diferente al convencional, donde potenciar los equipos o mostrar nuevos retos en un ambiente familiar y desenfadado.

Un proyecto que busca mirar cerca
Hacienda Albae asegura mantener una especial preocupación por la procedencia de los recursos que utiliza y ha obtenido una certificación como empresa Km 0. Su objetivo, explican, es recurrir siempre que resulte posible a materias primas, proveedores y servicios próximos. Esta vinculación afecta igualmente al empleo. Todos los trabajadores proceden de pueblos de la comarca.
Es una manera de entender la sostenibilidad que amplía el concepto más allá del cultivo ecológico. El planteamiento consiste en intentar que la actividad que genera el proyecto permanezca también en su entorno inmediato y contribuya a la economía de la zona.

La gastronomía forma parte de esa misma experiencia, acompañando al vino con productos locales y platos vinculados a la cocina del territorio, aunque sin pretender convertirse en el único motivo de la estancia.
Una puerta para descubrir La Mancha
Quedarse a dormir permite además mirar fuera de Hacienda Albae. Argamasilla de Alba ofrece uno de los primeros argumentos. La localidad mantiene una estrecha relación con el universo cervantino y alberga la Cueva de Medrano, asociada tradicionalmente al cautiverio de Miguel de Cervantes y al origen de El Quijote.
«La Mancha es una gran desconocida y mucha gente se sorprende al descubrir todo lo que ofrece»
A poca distancia se encuentran también el Castillo de Peñarroya y su embalse. Algo más allá aparecen las Lagunas de Ruidera, capaces de justificar por sí mismas una jornada dedicada al paisaje y las actividades en la naturaleza.
El radio puede seguir ampliándose hacia otros grandes referentes turísticos manchegos, desde las Tablas de Daimiel hasta los paisajes de molinos de Campo de Criptana o Consuegra, a menos de 1 hora de distancia.
Hacienda Albae reivindica precisamente esa posición como una oportunidad. Quien llega atraído inicialmente por una bodega, puede descubrir que alrededor existen argumentos suficientes para prolongar la estancia. Y quizá ahí se encuentre una de las principales aportaciones del enoturismo al territorio.

Desde la bodega consideran que La Mancha sigue siendo, en gran medida, “una gran desconocida”. Lo perciben en las conversaciones con muchos de sus huéspedes, sorprendidos al descubrir un paisaje, unos espacios naturales y un patrimonio que no esperaban encontrar. En ese contexto, el enoturismo se convierte también en una puerta de entrada para conocer mejor el territorio y prolongar la estancia más allá de la propia visita a la bodega.



