Su liderazgo internacional se apoya en la mejora del ovino manchego y en un modelo productivo que sigue generando valor en el territorio
El queso manchego lleva años siendo uno de los grandes nombres del sector agroalimentario español fuera de nuestras fronteras. Hoy, su peso es difícil de igualar: concentra el 88% de las exportaciones de quesos con Denominación de Origen Protegida (DOP) o Indicación Geográfica Protegida (IGP) y genera casi seis de cada diez euros del valor económico de estas figuras en España.
Un liderazgo consolidado en los mercados internacionales
Más allá de los números, su presencia en los mercados internacionales confirma una tendencia que no deja de reforzarse. El manchego se ha convertido en un producto reconocible por su calidad, pero también por su arraigo al territorio y por un modelo de producción que ha sabido evolucionar sin perder su identidad.
En 2024, las ventas alcanzaron los 14,4 millones de kilos, y cerca del 73% tuvo como destino la exportación. La cifra vuelve a demostrar que la demanda exterior no es puntual, sino un mercado consolidado que sigue creciendo.
La mejora del ovino, clave en el crecimiento del sector
El origen de este éxito está en el campo. La mejora del ovino manchego ha sido determinante para garantizar una materia prima estable y de calidad. En las explotaciones que participan en programas de selección genética, la producción media de leche llega a los 225 litros por oveja al año, muy por encima de los 150-160 litros habituales. Esta diferencia se traduce en mayor eficiencia, más rentabilidad y un producto final más competitivo.
Ese avance técnico se apoya en trabajos de investigación que continúan desarrollándose en la finca La Nava del Conejo, donde se estudian aspectos como la genética, la nutrición o la reproducción del rebaño. Un conocimiento que después se traslada a las ganaderías y que explica, en parte, la solidez del sector.
Un modelo que genera valor en el territorio
La DOP Queso Manchego integra hoy cerca de 500 ganaderías y más de 60 queserías, una red que sostiene empleo, fija población y mantiene vivo un saber hacer que forma parte del patrimonio alimentario español. Es un ecosistema que no solo produce queso: genera actividad económica, impulsa el territorio y conserva una cultura ligada al pastoreo y a la transformación artesanal.
Con estos fundamentos, el queso manchego sigue afianzando su posición dentro y fuera de España. Más que un producto de éxito, se ha convertido en un ejemplo de cómo tradición, innovación y territorio pueden avanzar en la misma dirección y proyectarse con fuerza en los mercados internacionales.
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