La campaña supera en un 18,6% la media de la última década y refuerza el peso de una región con 460.000 hectáreas de olivar, 83.000 productores y 264 almazaras.
Castilla-La Mancha ha cerrado la campaña oleícola con una producción de 138.291 toneladas de aceite de oliva, una cifra que representa cerca del 11% del volumen total obtenido en España. Aunque el resultado queda ligeramente por debajo del registrado el año anterior, supera en un 18,6% la producción media de las diez últimas campañas.
Los datos fueron presentados por el consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán, durante la jornada NaturAceite celebrada en Mora, uno de los municipios con mayor vinculación histórica, económica y social con el cultivo del olivo.
El balance confirma el creciente peso de Castilla-La Mancha dentro del sector oleícola español. Durante la última década, la comunidad había representado de media alrededor del 9,2% de la producción nacional, mientras que en la última campaña su participación se ha situado cerca del 11%.
Una campaña por encima de la media histórica
La producción regional se ha quedado algo por debajo de la cosecha anterior, pero el análisis a largo plazo ofrece una lectura más favorable. Las 138.291 toneladas obtenidas superan claramente el promedio registrado durante los últimos diez años.
Este resultado contribuye a consolidar la posición de Castilla-La Mancha como uno de los grandes territorios productores de aceite de oliva. Según los datos expuestos por el Gobierno regional, la comunidad se sitúa como la tercera gran región productora del mundo, por detrás de Andalucía y de la región italiana de Puglia.
La evolución de la producción está directamente relacionada con la dimensión que ha adquirido el cultivo. Castilla-La Mancha cuenta actualmente con alrededor de 460.000 hectáreas de olivar, una superficie que la sitúa entre las principales regiones olivareras del panorama internacional.
Esta extensión explica también la importancia económica que tienen la evolución de los precios, los costes del cultivo y la rentabilidad de las explotaciones para miles de familias de la comunidad.

83.000 olivicultores y 264 almazaras en Castilla-La Mancha
El sector regional está integrado por unos 83.000 olivicultores y 264 almazaras, una estructura productiva que ha experimentado una importante transformación durante las últimas décadas.
La modernización de las instalaciones, la mejora de los procesos de elaboración y la apuesta por la calidad han permitido que una parte creciente del aceite producido en Castilla-La Mancha se comercialice como aceite de oliva virgen extra.
A esta estructura se suman las cuatro denominaciones de origen protegidas de aceite de oliva existentes en la comunidad:
- DOP Montes de Toledo.
- DOP Campo de Calatrava.
- DOP Campo de Montiel.
- DOP Aceite de La Alcarria.
Todas ellas se encuentran integradas bajo la marca de garantía Campo y Alma, creada para identificar y promocionar los alimentos de calidad diferenciada de Castilla-La Mancha.
El olivar como cultivo social y económico
Durante su intervención, Martínez Lizán destacó también el carácter social del olivar, especialmente en municipios como Mora, donde una parte importante de la población mantiene algún tipo de relación con el cultivo, la recolección, las almazaras o la comercialización del aceite.
La campaña de recogida genera empleo durante los meses de mayor actividad, aunque el sector afronta dificultades crecientes para encontrar mano de obra suficiente. A ello se suma el papel del olivar en la conservación del paisaje, la fijación de población y el mantenimiento de la actividad económica en numerosas zonas rurales.
El peso territorial del cultivo resulta especialmente relevante en el olivar tradicional, donde las posibilidades de mecanización son menores y los costes de producción pueden comprometer la viabilidad de las explotaciones cuando desciende el precio del aceite en origen.
Castilla-La Mancha refuerza su posición oleícola
El cierre de campaña confirma que Castilla-La Mancha continúa ganando peso dentro del mapa español del aceite de oliva. La combinación de superficie, producción, tejido cooperativo, almazaras y figuras de calidad ofrece una base sólida para seguir creciendo.
El reto no pasa únicamente por aumentar el volumen producido. El sector deberá avanzar también en diferenciación, comercialización, exportación y generación de valor añadido para conseguir que una mayor parte de la rentabilidad permanezca en las explotaciones y en los territorios productores.
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