jueves, agosto 13, 2026
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VINVEZA, el proyecto castellanomanchego que quiere abrir otra vía al vino

Un proyecto de unión e innovación vitivinícola en Castilla-La Mancha.

El vino atraviesa un momento de transformación. El consumo tradicional desciende, los hábitos cambian y una parte del público busca bebidas más ligeras, refrescantes y fáciles de integrar en momentos de ocio informal. Ante ese escenario, Castilla-La Mancha ha decidido ensayar una respuesta propia desde aquello que mejor conoce, que es la uva, el viñedo y el trabajo cooperativo.

De esa alianza nace VINVEZA, un sello que busca impulsar una nueva categoría de bebidas a base de vino, baja graduación y burbuja natural. En el proyecto participan Vinícola del Carmen, Bodega Bogarve1915, la Cooperativa La Muela y La Paz —Bodegas Altovela— y Enotecnia IOC, que han unido conocimiento, instalaciones y visión técnica para abrir una nueva vía al vino manchego.

VINVEZA no se plantea como una marca aislada ni como una bebida de temporada, sino como un sello común para productos de base vínica, baja graduación, parcialmente desalcoholizados y con burbuja natural. Su objetivo es crear una categoría capaz de hablar otro idioma al consumidor sin romper con el origen vitivinícola.

“Somos una cooperativa vitivinícola y queremos que nuestras viñas tengan futuro”, resume Julia Mercedes Leal, presidenta del Consejo Rector de Vinícola del Carmen, una de las bodegas participantes en el proyecto. En su caso, la inquietud venía de lejos. “Personalmente, yo siempre he buscado una bebida a base de vino que fuera de trago largo, que saciara la sed”, explica. Frente al vino que se bebe “a sorbitos”, la idea era acercarse a otro momento de consumo: más fresco, más directo y más social.

Cooperar para innovar

VINVEZA tiene una fuerte dimensión colectiva. En su desarrollo técnico participa Enotecnia, vinculada a IOC, con sede en Consuegra, y con Luis Bravo como una de las voces técnicas del proceso, y Alejandro Bravo. La elaboración se apoya en la Cooperativa La Muela y La Paz, de Corral de Almaguer, clave por sus instalaciones y por su experiencia en trabajos de segunda fermentación y toma de espuma. También forma parte del proyecto Bogarve 1915, bodega que desarrollará su propia interpretación bajo el paraguas VINVEZA, con nombre, etiqueta e identidad propias.

La Muela y La Paz no llega a este terreno desde cero. Su presidente, Pablo Javier Iglesias, recuerda que la cooperativa lleva más de dos décadas explorando elaboraciones diferentes. “Realmente la cooperativa lleva desde el año 2003 innovando”, afirma. Primero fueron vinos parcialmente fermentados; después, la incorporación de maquinaria específica para trabajar la toma de espuma con carbónico natural de segunda fermentación.

Ese recorrido conecta después con IOC y con especialistas en espumosos. “Lo que buscamos es tener un producto totalmente nuevo en el mercado e innovador que nos dé viabilidad y futuro a nuestros viñedos”, explica Pablo. Su visión no se limita a una bodega ni a una referencia concreta. Defiende que las cooperativas manchegas deben sumar fuerzas si quieren competir en un mercado cada vez más exigente: “Las colaboraciones siempre nos llevarán a mejorar los productos que en las cooperativas estamos elaborando”.

La burbuja como reto técnico

La singularidad de VINVEZA está en su planteamiento técnico. No se trata de añadir gas a una bebida de baja graduación, sino de trabajar una burbuja natural mediante segunda fermentación. En ese proceso, el método Charmat y los depósitos isobáricos resultan fundamentales. Luis Bravo lo resume así: “El método Charmat aporta una burbuja natural, producida por la segunda fermentación, que nos da frescura y complejidad al producto final”.

El reto, sin embargo, no está solo en conseguir burbuja, sino en integrarla. “Lo más difícil es que la burbuja esté bien integrada y tenga un buen equilibrio en la acidez y retrogusto del producto”, señala Bravo. La dificultad aumenta porque el proyecto se ha querido construir desde productos naturales, sin recurrir a aromatizantes externos. “Todo lo que puedes y debes utilizar es procedente de la propia vid”, añade.
Esa exigencia explica los dos años de desarrollo. Había que ajustar coupages, graduación, acidez, presión, espuma y sensación final. Para Bravo, esa complejidad justifica que VINVEZA se conciba como un sello de calidad, reservado a elaboraciones que alcancen un determinado estándar técnico.

En bodega, el proceso está dirigido por Alejandro Bravo, enólogo formado en la zona de Champagne. Para él, la clave empieza antes de la burbuja: “Hay que ser muy precisos en los parámetros necesarios, como es el vino base, y controlar en todo momento la segunda fermentación para poder obtener una buena toma de espuma”.

De su aprendizaje en Champagne destaca dos ideas aplicables al contexto manchego: la importancia del vino base y el cuidado del pie de cuba. También la necesidad de trabajar con precisión cada fase, desde el coupage hasta el embotellado isobárico. Aun así, identifica un punto especialmente delicado: “buscar la elegancia y finura de la burbuja, crear una espuma que al servir en copa sea agradable visualmente”.

El consumidor también decide

Aunque nace desde la técnica, VINVEZA no se ha definido solo en laboratorio. El consumidor ha tenido un papel decisivo, especialmente los jóvenes de la comarca que participaron en las pruebas. Julia Mercedes Leal recuerda que fueron ellos quienes marcaron muchos ajustes finales: “Son ellos quienes te dicen: esto tiene demasiado gas, esto se queda corto, esto está un poco ácido”.

Ese diálogo permitió afinar la acidez, la intensidad de espuma y la presión. Pero también dejó una enseñanza importante: el producto no interesaba solo a los jóvenes. “Te das cuenta de que a los que llevamos muchos años siendo jóvenes también nos gusta”, apunta Julia Mercedes. La bebida empezó a funcionar entre perfiles distintos: consumidores habituales de vino, personas más próximas a la cerveza e incluso catadores extranjeros que vieron en esta línea una posible respuesta al cambio de hábitos.

Ahí está una de las claves del proyecto. VINVEZA no pretende sustituir al vino tradicional, sino ocupar otro espacio. Pablo lo expresa desde una mirada estratégica: las nuevas generaciones “no están tan acostumbradas a los vinos tradicionales” y consumen cerveza u otras bebidas refrescantes. “En ese nicho de mercado es donde debemos intentar entrar con nuestro potencial vitivinícola y aprovechando nuestra diversidad de variedades de uva”, afirma.

vino de baja graduacion birujito vinicola del carmen
Birujito, de Vinícola del Carmen, ya está disponible en distribución.tiqueta de Birujito

En ese camino, cada bodega podrá desarrollar su propia marca bajo el paraguas VINVEZA. Vinícola del Carmen ya ha dado el primer paso con Birujito, su propuesta comercial, inspirada en el “biruji” manchego: ese fresco que no paraliza, sino que revitaliza. Un producto de 4,5 grados, menos de 39 calorías por copa, formato tercio y burbuja natural, pensado para tomarse muy frío y abrir nuevas ocasiones de consumo.

Birujito es, por ahora, la cara más visible de VINVEZA. Pero el verdadero fondo del proyecto está en lo que representa: una Castilla-La Mancha vitivinícola que empieza a ensayar otros lenguajes sin renunciar a su esencia. Una región que no sólo produce vino, sino que también quiere participar en la creación de las nuevas formas de beberlo.


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Pablo Pradillo
Pablo Pradillo es director de Revista ALIMENTOS y responsable de AGROWIN MEDIA, donde trabaja en comunicación, marketing digital y contenidos editoriales para el sector agroalimentario, gastronómico y vitivinícola. Miembro Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV).
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