La II Fiesta de la Vendimia reunirá a cinco bodegas locales el 24 y 25 de octubre
La relación de Villanueva de Alcardete con el vino se puede seguir durante siglos. Está en los documentos, en las antiguas bodegas y en un paisaje en el que la vid ha ocupado durante generaciones un lugar esencial.
Cuando la localidad comenzó a consolidarse durante la Edad Media, la viña ya estaba presente entre los cultivos vinculados al asentamiento de nuevos pobladores. A comienzos del siglo XIV, las condiciones establecidas para quienes acudieran a establecerse en Villanueva incluían ya referencias a la plantación de viñas.
Con el paso del tiempo, aquel cultivo fue ganando importancia. Una de las mejores pruebas se encuentra en la documentación de la Orden de Santiago. En una visita realizada en el siglo XV aparece descrita una bodega en Villanueva con 46 tinajas llenas de vino y un lagar.
El dato permite hacerse una idea de la dimensión que había alcanzado la actividad vitivinícola. El vino formaba parte de la economía local y requería instalaciones propias para su elaboración y almacenamiento.

La producción continuó creciendo en los siglos posteriores y los vinos de Villanueva fueron llegando a otros mercados. Entre ellos, Madrid, donde distintas referencias sitúan ya en los siglos XVI y XVII el reconocimiento de los vinos de la localidad.
Desde entonces han cambiado las formas de trabajar el viñedo, la vendimia se ha mecanizado, las bodegas han incorporado nuevas tecnologías y los vinos llegan hoy a mercados que hace siglos resultaban inimaginables.
«El vino forma parte de la memoria de Villanueva»
Pero hay una parte de aquella historia que permanece. La viña sigue formando parte del paisaje de Villanueva y continúa siendo el punto de partida de una actividad en la que conviven familias de agricultores, cooperativas y bodegas con proyectos propios.
La vendimia sigue marcando uno de los momentos más intensos del año. Después de meses de trabajo llega el momento de recoger el fruto y llevarlo a la bodega. Para quienes han vivido siempre vinculados al campo, es también una época de recuerdos: las primeras vendimias, los encuentros familiares, las jornadas interminables, el olor de la uva y los remolques entrando en la bodega.
Esa historia ha llegado hasta un presente vitivinícola diverso, construido a través del cooperativismo, de las familias y de nuevas generaciones que han encontrado su propia manera de seguir vinculadas a la tierra.

Cinco bodegas, cinco historias diferentes
Cinco bodegas estarán presentes en la II Fiesta de la Vendimia: Bodegas Alcardet, Bodegas Latúe, Bodegas Recuero, Bodegas Marisol Rubio y El Lagar de Muros.
Cada una ha llegado hasta aquí por un camino diferente. Algunas nacieron del esfuerzo colectivo de los viticultores, otras mantienen una historia familiar que se remonta varias generaciones, pero todas comparten una misma localidad y una cultura del vino que ha pasado de padres a hijos.
▪ Bodegas Alcardet: Cuando los viticultores decidieron trabajar juntos
La historia de Bodegas Alcardet está ligada al cooperativismo y a la iniciativa de los viticultores de Villanueva. La Cooperativa Ntra. Señora del Pilar nació en 1973, cuando un grupo de agricultores decidió unir esfuerzos para elaborar y comercializar conjuntamente la producción de sus socios.
Con el paso de las décadas, aquel proyecto colectivo fue creciendo, incorporando tecnología y desarrollando nuevas líneas de elaboración. También cambió la propia manera de entender la viticultura.
Pero el origen sigue siendo reconocible, un grupo de agricultores que decidió trabajar unido para dar mayor recorrido al fruto de sus viñas. Más de medio siglo después, aquella voluntad de construir un proyecto común continúa formando parte de la historia de la localidad y consolidando su crecimiento.
▪ Bodegas Latúe: La fuerza de una historia compartida
En 1954, 131 agricultores y vecinos de Villanueva de Alcardete unieron esfuerzos y recursos para crear la entonces Cooperativa San Isidro. De aquella iniciativa surgiría Bodegas Latúe.
Desde aquel grupo inicial han pasado más de siete décadas y varias generaciones. Han cambiado las herramientas y las exigencias de los mercados, pero permanece la idea con la que comenzó el proyecto: muchas familias vinculadas a la viña compartiendo un mismo camino.
Latúe ha hecho además de la producción ecológica una de sus señas de identidad y ha llevado sus vinos a mercados internacionales.
Su historia resume una parte importante de la transformación de la viticultura local: el paso de la suma de esfuerzos individuales a un proyecto colectivo capaz de evolucionar con el sector y una historia de pasión, tradición y sostenibilidad.
▪ Bodegas Recuero: Cinco generaciones alrededor de la viña
En 1873 comenzó la relación de la familia Recuero con la vid y el vino. Cinco generaciones después, aquella historia continúa. En ese tiempo han cambiado las formas de cultivar, las herramientas y la manera de elaborar. También los mercados. Lo que permanece es el conocimiento que pasa de una generación a otra.
En sus instalaciones sobreviven elementos que recuerdan otras épocas, entre ellos antiguos depósitos de hormigón y terracota. Son huellas de otras vendimias y de una manera diferente de hacer vino, pero también parte de una historia familiar que no se ha interrumpido.
Hoy, la quinta generación mantiene aquella relación con la tierra iniciada hace más de 150 años. No se trata de repetir exactamente lo que hicieron sus antepasados, sino de continuar una historia que cada generación ha adaptado a su tiempo.
«Las bodegas comparten una misma localidad y una cultura del vino que ha pasado de padres a hijos»
▪ Bodegas Marisol Rubio: Una historia que lleva el nombre de una madre
En Bodegas Marisol Rubio hay una historia familiar que empezó mucho antes de que existiera la marca. Piedad y Jorge Garrido proceden de una familia de agricultores de Villanueva de Alcardete y representan la quinta generación vinculada al campo. Crecieron entre viñedos, olivos y cereal, aprendiendo desde pequeños el trabajo de la tierra.
Su madre se llamaba Marisol. Cuando los hermanos pusieron en marcha su proyecto vitivinícola en 2018, decidieron que llevaría su nombre. No fue una elección comercial, fue un homenaje. Incluso la firma de Marisol pasó a formar parte de la identidad visual de la marca. La bodega nació así unida al trabajo de su padre, Cipriano, y al recuerdo de su madre.
Después llegó el vino. La familia apostó por la pedro ximénez, una variedad poco habitual en la región, y posteriormente ha ido incorporando nuevas elaboraciones, como SON D LUNA, su primer tinto tempranillo.
Pero la historia sigue estando en el nombre. Cada botella lleva también el recuerdo de una mujer y el de una familia que continúa trabajando la tierra.
▪ El Lagar de Muros: Una bodega donde el tiempo forma parte de la historia.
En El Lagar de Muros hay una fecha que permite empezar a contar su historia: 1898. La antigua bodega fue construida por el Marqués de Mudela y posteriormente pasó a manos de la familia, que la heredó de su abuela Teresa Muro. De ella toma su nombre.
Durante décadas, aquel espacio estuvo dedicado a elaborar vino. Para los seis hermanos que hoy están detrás del proyecto, la bodega forma parte de sus recuerdos de infancia y juventud, el aroma de la uva, el vino y el sonido de las bombas de vendimia hasta bien entrada la madrugada.
En 1987 dejó de elaborarse vino y la bodega permaneció cerrada durante años. En 2011, los seis hermanos decidieron recuperarla y devolverle vida como espacio para celebraciones, catas y encuentros. Ya en 2023 recuperaron también la elaboración, retomando así una actividad que formó parte de la historia de la bodega.
El proyecto recupera esa tradición desde una mirada actual, con elaboraciones de mínima intervención y variedades tradicionales de la zona, procedentes de viñedos viejos de airén, brujidero y garnacha tintorera. Será precisamente este lugar el que vuelva a acoger la Fiesta de la Vendimia.
Cuando la vendimia se convierte en encuentro
El viñedo, las bodegas y las familias que han mantenido esta actividad durante generaciones estarán presentes en la II Fiesta de la Vendimia que se celebrará los días 24 y 25 de octubre de 2026 en El Lagar de Muros, escenario también de la primera edición.
La elección del espacio añade un significado especial a la celebración. El Lagar conserva la memoria de una antigua bodega familiar y, al mismo tiempo, se ha convertido en un lugar de encuentro para el municipio.
“El sabor que nos une” es el lema elegido para esta segunda edición, una frase que resume bien el carácter de una fiesta que reúne alrededor del vino. Durante el fin de semana, las bodegas participantes compartirán sus vinos y sus historias con vecinos y visitantes. Será una oportunidad para acercarse a proyectos muy diferentes que tienen un mismo origen: las viñas de Villanueva de Alcardete.
Para quienes han crecido aquí, será el reencuentro con paisajes, sabores y recuerdos conocidos. Para quienes lleguen por primera vez, una oportunidad de descubrir una localidad con gran historia vitivinícola.



