jueves, octubre 6, 2022
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    Bodegas Gratias, el agradecimiento a las personas, la viña y la tierra

    PEDRO PINTADO

    Gratias es el proyecto hecho realidad por dos familias de enólogos valencianos que en 2007 hicieron su primera elaboración en un garaje familiar. A los tres años lo dejaron y pasaron a trabajar en bodegas alquiladas hasta que, definitivamente, inauguraron sus propias instalaciones en el municipio albaceteño de Casa Ibáñez en 2015.

    Lo de Gratias viene porque la palabra gracias es una de las más utilizadas en su vocabulario. “Todas nuestras frases, apunta Ana, empezaban con la palabra gracias: “gracias a tu abuelo, al campo, a los padres de Iván, a Inma de la Universidad, un proyecto de agradecimiento a todas esas personas, a la viña, a la tierra, por ayudarnos a empezar nuestro sueño”.

    Los hermanos Ana y José Gómez y sus cónyuges Iván Gómez y Silvia Araque, todos ellos nacidos en Valencia entre 1974 y 1980, fueron los impulsores de este negocio, en el que todos se reparten las tareas en el campo y la bodega, aunque Silvia se centre más en el markting, comunicación y turismo. Graduados en la Universidad Politécnica de Valencia, con estudios de ingeniería agrícola y enología, forma, sin duda, un equipo cualificado y versátil, con dilata experiencia. De hecho, Ana e Iván realizaron vendimias en ambos hemisferios y desarrollaron labores de consultoría vinícola desde 2008, a través de la empresa TresGe Wine Consulting, para asesorar bodegas del Levante español que compatibilizaron hasta que su propia bodega les absorbió por completo.

    Sin antecedentes familiares previos, sólo el majuelo del padre de Iván y la participación del abuelo en la creación de la cooperativa de Alborea, los cuatro amigos se conjuraron para iniciar un proyecto “sostenible, responsable y comprometido tanto con el medio natural como el social, trabajando desde el principio en la recuperación de variedades locales que están casi extinguidas, además de otras más extendidas procedentes de viñedos cultivados en secano y en vaso”. “Como resultado de esta filosofía -continúa diciendo Ana- nació en nosotros el concepto de vino ético, que lo definimos como aquel vino que se cultiva, se elabora y se vende desde el respeto, la honestidad, la felicidad y la ilusión de los que trabajan con nosotros y por quienes lo consumirán. Son vinos sin artificio, con personalidad y autenticidad”.

    La elección de Casas Ibáñez tuvo un carácter estrictamente pragmático. Situado junto a Alborea, el pueblo del padre de Iván, Casa Ibáñez, cabeza de partida, ofrecía la posibilidad de alquilar una nave para poner en marcha la bodega. Los viñedos se encuentran en la frontera de las comunidades de Castilla-La Mancha y Valencia, que marca de manera natural por el río Cabriel. Trabajan sobre unas dieciséis hectáreas de viñedos, todos de secano y en vaso, de las que ocho son propios y el resto arrendadas y en aparcería. La bodega cuenta con depósitos de acero inoxidable, tinajas de 3.000, 1.000, 400, 300 y 200 litros, damajuanas de distintas capacidad y 30 barricas de roble.

    Tan variada tipología de envases y tamaños tiene sentido si observamos a la amplia gama de productos que elaboran en Bodegas Gratias. Las uvas procedentes de cada parcela fermentan en envases diferentes para mantener la tipicidad de cada lugar. Posteriormente se hacen los ensamblajes más convenientes.

    En Bodegas Gratias se elaboran cuatro gamas de vinos. Los de crowdfunding o vinos de pueblo agrupados en la marca “¿Y tú de quién eres? Estos vinos se crearon para evitar la extinción de las variedades autóctonas. En su elaboración pueden aglutinar uvas como la bobal, tarda, pintaillo, marisancho, teta de vaca, pedro juan, moravia agria, moravia dulce, cegivera, rojal, valencin, albillo, doña blanca… Estas uvas se encuban directamente en el campo en bins.

    La gama Gratias engloba las marcas Sol, Rosé, Got y Máximas. Es una gama varietal muy rica de viñas muy viejas que transmiten los valores de la zona que acoge los pueblos de Casas Ibáñez, Villatoya y Alborea y de los ríos que la surcan, el Júcar y el Cabriel.

    También hacen vinos espumosos elaborados con el método ancestral y que se comercializan con la marca genérica comboy, blancos y rosados.

    Por último, en Bodegas Gratias elaboran vinos de tinaja, que se crían y fermentan en ese tipo de vasija: el Terra blanco de Tardana, con un muy característico color ambarino resultado de la fermentación con sus pieles y el Tinaja bobal, con seis meses de envejecimiento en barrica. Además, elaboran otros vinos parcelarios de producciones muy pequeñas como Arroba de pintaillo, Mac de Macabeo con maceración carbónica, Eme de macabeo negro, Arena, bobal de suelo arenoso y Soy, bobal de suelo arcillo-calcáreo.

    Ana, con la pasión de una gran aficionada, que además trabaja en lo que más le gusta cierra con un alegato por el trabajo bien hecho y la prevalencia de los vinos de calidad por encima de los de cantidad: “Bodegas Gratias no es un capricho, no es un segundo negocio, nuestra vida gira en torno a esto. No se puede seguir haciendo granel, poniendo el foco en la producción. La única forma de dar valor a nuestro viñedo es hacer un gran producto. Además, entre todos estamos generando riqueza. La gente está empezando a visitar la zona tanto por nuestros vinos como por nuestra cada vez mayor y mejor oferta gastronómica”.

    Bodegas Gratias no está encuadrada en ninguna denominación de Origen. Tienen la calificación de vinos varietales y de añada. Sus vinos tienen un precio de venta al público de entre siete y veintidós euros y este año han comercializado 55.000 botellas.

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