Aunque el precio medio dio una tregua en junio, los mercados de futuros ya cotizan al alza ante el nerviosismo climático y la escasez de inventarios globales.
El mercado internacional del café se encuentra en una situación de cambio. Aunque el precio medio global experimentó un descenso del 2,8% en junio respecto a mayo —situándose en su promedio más bajo en casi dos años con 248,90 centavos de dólar por libra—, los temores climáticos han revertido la tendencia de forma brusca.
Según el último informe de la Organización Mundial del Café (ICO) y del que se hace eco la agencia EFE Agro, la industria mira con preocupación el desarrollo del fenómeno meteorológico de El Niño, que los expertos prevén que se convierta en un «Súper El Niño» a finales de 2026. Esta amenaza, sumada a la escasez de reservas globales, ha reactivado el nerviosismo en los mercados de futuros, donde el café ya cotiza por encima de los 329 centavos de dólar por libra.

Lluvias en Brasil y escasez de inventario
El clima se ha consolidado como el principal motor en la volatilidad de los precios. Actualmente, la atención está fijada en Brasil, el mayor productor mundial, donde las lluvias superiores a la media están ralentizando los trabajos de recogida de la uva del café y afectando a la calidad del grano.
A este escenario de retrasos en el campo brasileño se unen otros factores de presión:
- Una notable caída de las exportaciones mundiales durante el mes de mayo.
- La escasez generalizada de inventarios internacionales.
- Una disminución progresiva de las existencias certificadas de café arábica en los almacenes de Estados Unidos.
Comportamiento por variedades
La inestabilidad climática y operativa ha afectado de forma desigual a las principales referencias del mercado. Durante el último mes, los cafés suaves colombianos registraron un ligero incremento del 0,4%, mientras que la variedad robusta creció una media del 1,7%. Por el contrario, los cafés naturales brasileños sufrieron un ajuste a la baja del 7,4%.
Los analistas financieros señalan que la sensibilidad del mercado a los cambios meteorológicos obligará a los inversores a reajustar sus posiciones de forma constante durante los próximos meses, vigilando de cerca el impacto real que este frente climático pueda tener sobre el desarrollo de las cosechas a medio plazo.
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