El proyecto ha identificado 99 biotipos de bobal y avanza en la conservación del patrimonio vitícola de la región.
Castilla-La Mancha ha dado un paso más en la recuperación y estudio de su patrimonio vitícola con la finalización de la primera fase del proyecto Biovidman, centrado en la selección de biotipos autóctonos de variedades tradicionales de vid. Tras tres años de trabajo, la iniciativa ha permitido identificar una amplia diversidad genética en el viñedo regional, especialmente en variedades como bobal y airén.
«El estudio y la futura validación de clones certificados de estas variedades supone, además, afrontar los posibles cambios derivados del cambio climático, siempre de cara al mantenimiento de la actividad vitivinícola y la producción de vinos de calidad», resalta Lorenzo López Orozco, gerente de la bodega La Niña de Cuenca (Ledaña, Cuenca), responsable de la coordinación técnica del proyecto.
El proyecto, coordinado por Lorenzo López, y en el que participan Vitis Navarra y el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF-IVICAM), tiene como objetivo conservar la variabilidad genética del viñedo castellanomanchego y mejorar la disponibilidad de material vegetal de variedades como bobal y airén, junto a otras minoritarias que siguen presentes en la región y forman parte de su patrimonio vitícola.

99 biotipos de bobal
Uno de los datos más relevantes del trabajo realizado es la recopilación de 99 biotipos distintos de bobal, localizados en su mayoría en viñas viejas en pie franco. Este tipo de viñedo ha permitido preservar un material genético prácticamente inalterado, lo que ofrece una base de gran valor para futuras selecciones adaptadas a distintas condiciones de cultivo. c. «Son 99 biotipos libres de virus: encontramos más, pero se descartaron para el proyecto por la presencia de esos virus», declara Lorenzo.
El proyecto se ha apoyado en la creación de dos parcelas experimentales, ubicadas en Cenizate (Albacete) y Tomelloso (Ciudad Real), donde se han plantado los distintos genotipos en condiciones comparables. La diferencia entre ambos enclaves —con características climáticas y de suelo distintas— permitirá evaluar el comportamiento de cada biotipo en escenarios reales.
“El trabajo realizado hasta ahora es la base”, señala Lorenzo López, “A partir de este momento tendrán que desarrollarse iniciativas complementarias, en diferentes líneas de investigación, que vayan evaluando y creando una serie de resultados aplicables de manera efectiva y con los que se asegure la conservación de este extraordinario material vegetal”.
Las dos parcelas son idénticas en cuanto al número y el tipo de injertos. Lo que cambia son las condiciones edafoclimáticas. Una está en una ubicación con un clima más mediterráneo-continental como es La Manchuela y la otra en un enclave con un clima más seco y situado a una menor altitud (La Mancha) y donde la influencia de elementos como cerros o cordilleras también es menor.

Otras variedades minoritarias
Junto a Bobal y Airén el proyecto incluye el seguimiento de otras variedades minoritarias: Mizancho, Churriago, Moscatel serrano, Azargón, Moribel, Tinto fragoso, Pintada, Montonera del Casar, Blanca del tollo, Zurieles, Maquías, Sanguina, Albillo dorado, Marisancho o Pardillo, Moravia agria, Pintaillo, Tardana, Rojal, Coloraillo, Tinto velasco y Moravia dulce. Estas variedades, menos extendidas, están ganando interés por su capacidad de adaptación y su potencial para aportar diferenciación en un contexto de cambio climático.
La iniciativa responde a una preocupación creciente en el sector, la pérdida de diversidad genética asociada al arranque de viñedos viejos. La recuperación de este material no solo tiene valor agronómico, sino también estratégico, en un momento en el que las variedades autóctonas pueden ofrecer mejores respuestas frente a condiciones ambientales cada vez más exigentes.
Con los resultados obtenidos hasta ahora, el siguiente paso será avanzar en la validación y posible certificación de estos biotipos, con el objetivo de poner a disposición del sector material vegetal que combine adaptación, calidad y singularidad, reforzando así la identidad del viñedo de Castilla-La Mancha.
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