La Mesa Nacional del Ajo prevé un ligero aumento de la superficie sembrada, pero advierte del retroceso de ventas en Europa y terceros mercados.
El ajo español encara la nueva campaña con previsiones positivas en producción, aunque con una preocupación en el plano comercial. La superficie sembrada alcanzará las 24.404 hectáreas, lo que supone un aumento cercano al 2% respecto al año anterior. Aun así, la cifra queda lejos de las cerca de 30.000 hectáreas registradas en 2022.
Las previsiones de cosecha son, en general, favorables tanto en cantidad como en calidad en las principales zonas productoras. Sin embargo, la evolución meteorológica en las próximas semanas será clave para confirmar el rendimiento final.
Estas son algunas de las conclusiones tras la celebración de la Asamblea de la Mesa Nacional del Ajo en la Casa de la Villa de Portillo (Valladolid), donde se analizó la situación actual y las perspectivas de la nueva campaña.
Evolución por regiones
El crecimiento de la superficie no es homogéneo. Madrid, Castilla y León y Andalucía lideran el aumento, con incrementos del 49%, 8% y 6%, respectivamente. Castilla-La Mancha se mantiene estable, mientras que Extremadura registra un ligero descenso del 4%.
Otro dato relevante es la caída del aseguramiento de cultivos. A pesar del aumento de superficie, las hectáreas aseguradas han descendido un 4,6%, lo que refleja cierta incertidumbre en el sector.
Menos ventas y más importaciones
El principal problema no está en el campo, sino en el mercado. En los últimos cinco años (2021-2025), las ventas de ajo español han caído un 17% en Europa y un 34% en mercados extracomunitarios.
En paralelo, las importaciones de ajo en la Unión Europea han crecido de forma sostenida, acumulando un aumento del 122% en ese mismo periodo. China continúa como principal proveedor, con 74.076 toneladas en 2025, pero destaca el crecimiento de Egipto, que se consolida como segundo abastecedor con 19.555 toneladas, frente a las 9.655 toneladas registradas en 2024.
Costes y competencia exterior
El sector atribuye esta pérdida de competitividad a varios factores. Entre ellos, el incremento de los costes de producción y las mayores exigencias en materia sanitaria y fitosanitaria en la producción europea, que no siempre tienen equivalencia en los países terceros.
Esta diferencia normativa, unida a precios más bajos del producto importado, está condicionando la posición del ajo español en los mercados.
Un producto con margen de valor
El consumo per cápita en España se sitúa en torno a 0,8 kilos por persona al año, por lo que su impacto en la cesta de la compra es limitado, lo que abre margen para diferenciar el producto por calidad.
En este contexto, el ajo español se enfrenta a una campaña con buenas perspectivas agronómicas, pero con el reto de recuperar competitividad en un mercado cada vez más presionado por las importaciones.
Según un comunicado, desde la Mesa Nacional del Ajo se considera imprescindible que tanto la administración nacional como europea sea consciente de la necesidad de establecer, de forma urgente, medidas de apoyo y protección al cultivo del ajo para mejorar su competitividad y así poder mantener la mano de obra empleada y riqueza generada en el medio rural.
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