El nuevo informe del sector refleja su peso en la economía regional, el empleo y la actividad del medio rural.
Un modelo con peso en la economía regional
El informe, elaborado por el Observatorio Socioeconómico del Cooperativismo Agroalimentario de Castilla-La Mancha a través de Fundación CooperActiva, sitúa la aportación del cooperativismo agroalimentario de Castilla-La Mancha en 2.868,9 millones de euros en 2024, un 7,3% más que el año anterior. Su peso dentro de la economía regional sigue siendo muy relevante. Representa el 43,2% de la producción agraria de la comunidad, el 4,2% de la producción agraria nacional, el 37,4% del valor de la industria manufacturera regional y el 25% del PIB industrial de Castilla-La Mancha.
A ello se suma su fuerte implantación territorial. El modelo cooperativo está presente en 297 municipios, lo que refuerza su papel como estructura económica y social en buena parte del medio rural castellanomanchego.
Empleo estable y una amplia base social
Las cooperativas agroalimentarias de la región generan 6.620 empleos directos, de los que el 73% son fijos, un dato que refleja la estabilidad laboral del sector. En paralelo, la base social alcanza las 158.665 personas, una dimensión que confirma el arraigo del cooperativismo en Castilla-La Mancha.
El informe, no obstante, vuelve a señalar dos retos claros: la escasa presencia de jóvenes, que apenas suponen el 5,8%, y la necesidad de seguir avanzando en igualdad efectiva, ya que las mujeres representan el 28,7% de la base social.
Un tejido amplio, aunque todavía atomizado
El cooperativismo agroalimentario regional está integrado por 536 cooperativas de primer grado y SAT y 22 cooperativas de segundo grado, representando además el 53,9% del conjunto de entidades de economía social de Castilla-La Mancha.
Pese a su dimensión territorial, el estudio advierte de que sigue habiendo margen para mejorar la concentración de la oferta. El valor medio de comercialización se sitúa en 4,5 millones de euros, todavía por debajo de la media nacional, fijada en 9,2 millones. Aun así, las cooperativas de mayor tamaño siguen creciendo: las incluidas en el Top 40 incrementaron su volumen de negocio un 30% en el último año.
El vino lidera la estructura productiva
Por sectores, el vitivinícola continúa siendo el principal motor del cooperativismo agroalimentario regional, con un 32,2% del valor total, seguido del aceite de oliva con un 17,4%. Tras ellos aparecen la alimentación animal con un 11,7%, las frutas y hortalizas con un 11,5% y la ganadería con un 6,3%.
Este reparto confirma el peso del vino dentro del modelo cooperativo castellanomanchego, pero también la diversidad productiva sobre la que se sostiene buena parte de la agroalimentación regional.
Más exportación y más dimensión, entre los retos
El documento también analiza la vocación exterior del sector. En la Unión Europea, las cooperativas de primer grado y SAT facturan 353,3 millones de euros, mientras que las de segundo grado alcanzan los 77,8 millones. Fuera del mercado comunitario, las cifras son todavía más reducidas, con 32,2 millones en cooperativas de primer grado y SAT y 23,2 millones en las de segundo grado.
Junto a la internacionalización, el informe insiste en otros desafíos como la digitalización, la sostenibilidad, el relevo generacional, la mejora de la dimensión empresarial y la diversificación de bienes y servicios. En ese contexto, el cooperativismo vuelve a aparecer como un actor clave no solo para producir alimentos, sino también para sostener empleo, actividad y población en el medio rural.
El informe, en datos
536 cooperativas de primer grado y SAT
22 cooperativas de segundo grado
6.620 empleos directos
158.665 personas en la base social
297 municipios con presencia cooperativa
32,2% del valor corresponde al sector vitivinícola
17,4% al aceite de oliva
73% del empleo es fijo
5,8% de la base social tiene menos de 40 años
