¿Sabes cuál es el recipiente de cerámica más grande del mundo elaborado directamente por la mano del hombre? La respuesta está en el corazón de La Mancha: la tinaja de Villarrobledo.
Es cierto que había más localidades en las que se fabricaban tinajas, pero, sin duda alguna, las más famosas y prestigiosas eran, y son, las tinajas de esta localidad albaceteña. Además, si prestamos atención, vemos cómo estos recipientes únicos en el mundo están presentes en nuestro entorno y forman parte de nuestro imaginario colectivo, convirtiéndose en una seña de identidad de nuestra tierra vinatera. Por ejemplo, en Valdepeñas está la famosa Avenida del Vino donde presiden sus márgenes dos hileras de más de 100 tinajas, algunas de ellas procedentes de Villarrobledo (entre otros orígenes como Castuera). Otros lugares mágicos con tinajas de este tipo son Bodegas San Ricardo (Consolación) que atesora más de un centenar de tinajas originales de Villarrobledo del siglo XIX o incluso en un pueblo de menos de mil habitantes, como Albaladejo, en el que también podemos encontrar algunas tinajas con la marca del tinajero que indica su procedencia. ¿Y qué decir de las cuevas de Tomelloso que también dan cobijo silencioso a grandes tinajas de barro? En definitiva, estén donde estén, las tinajas son verdaderos tesoros que nos cuentan historias.
En Villarrobledo, estas colosales piezas de barro constituyen una de las manifestaciones artesanas más extraordinarias del patrimonio español. Mucho antes de los depósitos de acero inoxidable y de la tecnología moderna, el vino fermentaba y se envejecía en barro. De hecho, griegos y romanos ya utilizaban ánforas para almacenar y comercializar sus vinos. Cabe destacar que, en el año 2013, la UNESCO incluyó en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad la vinificación en “kvevris” que se practica en Georgia. El “kvevri” es un envase de arcilla ovoide usado para hacer fermentar el mosto, almacenar y añejar el vino (Fuente). Por todo ello, corroboramos que el uso de la arcilla para la fabricación de envases para el vino va ligada a la historia de la humanidad.
En Villarrobledo, esa misma relación ancestral entre barro y vino sigue viva.
Esta ciudad se convirtió durante siglos en referente de la alfarería tinajera. Desde el siglo XVI, los talleres comenzaron a multiplicarse aprovechando la calidad de las arcillas cercanas y la demanda de estas piezas. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Villarrobledo llegó a contar con decenas de hornos funcionando y miles de tinajas salían cada año hacia bodegas de toda España. Esas piezas gigantescas eran auténticas obras de ingeniería artesanal realizadas únicamente con las manos, herramientas sencillas y una sabiduría transmitida de padres a hijos.

Cada tinaja llevaba consigo sus señas de identidad: la marca del tinajero, la huella de la cuerda, inscripciones, números y símbolos. El traslado de aquellas piezas era un reto importante: carros tirados por mulas o bueyes recorrían los caminos cargando recipientes enormes y frágiles hasta ser instalados en su bodega de destino.
Las tinajas no eran solamente recipientes. Eran parte esencial del paisaje y de la economía manchega.
Sin embargo, esta tradición sufrió un duro golpe a partir de los años sesenta cuando comenzaron a implantarse las grandes tinajas de cemento, más rápidas y económicas de fabricar. Poco a poco, muchas bodegas abandonaron el barro y la producción artesanal cayó drásticamente. Los hornos se apagaron y numerosos talleres cerraron sus puertas después de siglos de actividad. Parecía el final de un oficio irrepetible.
Por fortuna, en los últimos años se ha producido una recuperación del vino elaborado en tinaja. Numerosas bodegas y enólogos han vuelto a interesarse por las propiedades del barro: su capacidad de microoxigenación, la estabilidad térmica y la forma en que respeta la expresión más pura del vino. Algunos proyectos vitivinícolas contemporáneos, como “Vinos Llámalo X” en Villarrobledo, han recuperado la crianza y fermentación en barro buscando precisamente esa conexión con las técnicas ancestrales.
En este renacer del vino de tinaja, Villarrobledo vuelve a ocupar un lugar fundamental. Hoy en día, todavía sobreviven dos empresas que mantienen viva la tradición artesanal: Tinajas Orozco y Alfonso Jimeno. Ambos talleres continúan elaborando tinajas de tamaño mediano destinadas tanto a la decoración como, sobre todo, a la elaboración de vinos. Gracias a ellos, el conocimiento ancestral de este oficio persiste en el tiempo.

Mención especial merece Maribel Gómez (Tinajas Orozco), ejemplo de continuidad y resistencia en un oficio duro y vinculado, durante siglos, al trabajo masculino. Maribel aprendió de su padre y hoy sigue trabajando el barro con las mismas técnicas transmitidas generación tras generación. Su figura representa no solo la supervivencia de la alfarería tinajera, sino también el papel de las mujeres en la conservación del patrimonio artesanal manchego.
Para comprender de verdad la magnitud de este legado es imprescindible visitar el Centro de Interpretación de la Alfarería Tinajera, instalado en un antiguo alfar y horno rehabilitado (https://ciat.villarrobledo.com/). Allí, el visitante puede descubrir cómo se extraía y preparaba el barro, cómo se modelaban las enormes piezas y cómo se cocían en hornos gigantescos. Incluso se accede a la olla del horno donde se pueden ver las paredes vitrificadas. El recorrido es muy didáctico y permite admirar herramientas tradicionales y las técnicas de trabajo.
Villarrobledo continúa siendo tierra de vino. Sus extensos campos de viñedo y sus numerosas bodegas forman un paisaje inseparable de la tinaja. Además, la ciudad sigue mirando al futuro: el IES Cencibel cuenta con el Grado Superior de Formación Profesional de Vitivinicultura, preparando a nuevas generaciones de profesionales que continuarán desarrollando la cultura del vino en nuestra región.
En definitiva, la tinaja de Villarrobledo no es únicamente una pieza de barro. Es la memoria de un pueblo y la capacidad humana para transformar la tierra con las manos. Mientras queden artesanos capaces de modelar barro y bodegas dispuestas a seguir confiando en él, las tinajas seguirán contándonos historias con sabor a buen vino.
Texto: Victoria Arenas. Sumiller y divulgadora.

