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    Santa Cruz de Mudela y Albacete: la historia viva de la navaja

    Texto: Victoria Arenas. Sumiller y divulgadora.

    ¿A quién no le resuena con ternura el sonido del afilador? Este sencillo recuerdo trae a nuestra memoria la peculiar melodía que anunciaba su llegada, uno de los sonidos más tradicionales del pasado. Al pregón de «¡El afilador!” o “¡Se afilan tijeras y navajas!» la clientela salía de sus casas para poner sus utensilios otra vez a punto.

    La industria del cuchillo y de la navaja también fabricaba otros objetos afilados y herramientas con diversos usos como, por ejemplo, tijeras de varios tipos (para el ganado mayor, para azucarillos, para bordar, etc.). Sin embargo, en este artículo nos centraremos en la navaja pues es el producto más identitario y versátil de todos ellos.

    El ser humano ha fabricado herramientas para cazar, cocinar y comer, entre otras necesidades. Muestra de ello son los instrumentos de piedra tallada que ya se utilizaban en el Paleolítico. Con el paso de los siglos, el hombre fue descubriendo nuevos materiales y desarrollando nuevas herramientas. En dicha evolución, surgió la navaja, aunque no fue hasta el siglo XVII cuando se generalizó su uso. De hecho, en esa época aumentó su demanda al igual que la de espadas.

    Materiales para las cachas (izda.) y navaja con detalle de grabados y calados / Foto: Victoria Arenas.

    Conocemos que las navajas de Castilla-La Mancha tenían mucho prestigio en toda Europa y eran admiradas por cuantos extranjeros pasaban por nuestros pueblos y caminos. Sin ir más lejos, el gran escritor francés Théophile Gautier realizó un viaje por España en 1840 y plasmó sus impresiones en su libro Viaje por España. En dicha obra, describe las costumbres de los españoles de la época y, gracias a su paso por Toledo y su travesía hacia Andalucía, realiza el retrato de varias localidades y paisajes castellanomanchegos. Lo más relevante en el tema que nos ocupa es que realizó una bella descripción de las navajas de Albacete y Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real).

    En palabras del autor: “En Santa Cruz nos quisieron vender toda clase de cuchillos y navajas; Santa Cruz y Albacete son notables por esta cuchillería de fantasía. Las navajas, de un estilo árabe y bárbaro muy característico, tienen el mango de cobre recortado, cuyos calados dejan al descubierto lentejuelas grandes, rojas, verdes o azules; cincelados groseros, pero ejecutados con soltura, adornan la hoja, de forma de pescado y siempre muy afilada; la mayoría llevan inscripciones como las siguientes: `Soy de uno solo´ o `Cuando esta víbora pica, no hay remedio en la botica´”.

    Esta cita, que podría parecer anecdótica, pasa a ser un hecho tangible cuando visitamos el Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete (https://www.museocuchilleria.es/sala-ccm/) y vemos algunas navajas del siglo XIX que tienen grabadas en sus hojas las leyendas mencionadas por Gautier, así como otras muy curiosas: `No me presto ni me doy, solo de mi dueño soy 1881´ o `El que quiera probar, por la punta ha de empezar´”.

    `El que quiera probar, por la punta ha de empezar´

    La visita a este museo es muy recomendable y didáctica. Cientos de navajas están clasificadas por épocas y por regiones de todo el mundo. A través de esta muestra de piezas artesanales, descubrimos navajas populares, clásicas, rurales y de lujo. Algunas de ellas nos sorprenden por su tamaño. Asimismo, Gautier también hizo referencia a las grandes dimensiones de algunas de ellas cuando afirma que “algunos majos, campesinos de buen ver, tienen unas que, abiertas, son tan largas como un sable”.

    Es un verdadero privilegio poder admirar en un mismo espacio navajas de toda la geografía española. Dentro de nuestra región destacan poblaciones como Toledo, Albacete y Santa Cruz de Mudela. No obstante, en esta colección también están representadas otras localidades como Málaga, Sevilla, Zaragoza y Bilbao, entre otras.

    Muestra y exposición de navajas de Albacete del S. XIX. / Fotos: Victoria Arenas.

    Por otro lado, podemos zambullirnos en la historia contemplando la recreación de una fragua, muelas de agua, rueda de afilar e incluso una pieza muy curiosa que consiste en una bicicleta con un sistema integrado para afilar.

    Considero que también es necesario hablar de algunos detalles importantes para comprender la repercusión socioeconómica de la industria de la navaja. Es un hecho que los navajeros de Albacete y Santa Cruz eran consumados maestros en el arte de la forja y que ese conocimiento ha ido transmitiéndose de generación en generación, y que, por ese motivo, su fama y sus productos de primera calidad han llegado hasta nuestros días.

    Cabe destacar que la construcción de la carretera de Madrid a Cádiz, el aumento del transporte de mercancías y pasajeros, el ferrocarril, etc. contribuyeron a la distribución tanto de materias primas como del producto terminado. Era típica la imagen de los navajeros con un gran cinto de cuero abrochado a su cintura a modo de muestrario en la estación o viajando en tren para ofrecer sus productos a lo largo de toda la línea férrea.

    Saca la navaja que vamos de gachas…

    En la actualidad, cuando quedamos con amigos o familiares a almorzar en el campo, ¿no es un verdadero placer abrir la navaja para cortar el pan o pinchar la tajada de la sartén? Más fácil y práctico imposible. Cuando cada uno tiene su navaja, está todo solucionado. Si lo pensamos despacio, es sorprendente comprobar cómo un artilugio tan pequeño y estético puede ser tan versátil y tan útil. Una vez más la sabiduría popular demuestra que la tradición, los materiales de primera y el saber artesano son lo que perdura en el tiempo.

    ¿Hacia dónde vamos?

    A pesar de que la navaja es considerada como una herramienta y que su tipología es muy variada y se adapta a diversos gustos y usos, lamentablemente muchos talleres están cerrando al no poder enfrentarse a industrias mecanizadas que compiten en precio, pero cuya calidad es lamentable.

    Sin embargo, los artesanos que continúan luchando diariamente por seguir produciendo navajas de primera calidad, con diseños clásicos o más actuales, siguen brindándonos la oportunidad de poder disfrutar de estas “obras de arte” al alcance de todos.

    Adquirir navajas artesanales es un gesto que beneficia a todas las partes. Por un lado, al artesano que ve recompensado su trabajo y esfuerzo y, por el otro, al consumidor que adquiere una pieza que le puede durar muchos años. Ahora, cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué debemos tener en cuenta para comprar una navaja de calidad? Para empezar, elige bien el establecimiento donde la vas a comprar y pregunta al vendedor tus dudas. Observa bien los detalles y comprueba que sea de fabricación nacional. Y cuando la tengas, cuídala y, sobre todo, disfrútala y presume de ella porque nuestra artesanía bien lo merece.

    Recreación de una fragua.
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