jueves, abril 18, 2024
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    Isabel Mijares, la enóloga que rompió moldes

    José Luis Murcia

    El pasado 10 de febrero nos dejaba de forma repentina María Isabel Mijares y García-Pelayo, la enóloga que rompió moldes, la denominada por muchos como La Gran Dama del Vino, una personalidad que, entre otras cosas, fue la primera mujer en presidir una denominación de origen, concretamente la Denominación de Origen Protegida Valdepeñas (1982-1987).

    Isabel nos ha dejado con las botas puestas y ha dado literalmente hasta su último aliento por su pasión. Había nacido en Mérida en 1942, hija de leonés y extremeña, y estudió enología, con enorme esfuerzo y beca, en Burdeos, ciudad donde tuvo la suerte de ser discípula de Èmile Peynaud, padre de la enología moderna.

    Isabel inventó un vocabulario llano, divertido, irónico, mordaz y picantes con el que aderezaba sus catas públicas

    Dirigió durante varios años el Equipo Team, una empresa dedicada a la promoción de las bodegas españolas, a la elaboración de guías de vinos, entre ellas la famosa Guía Repsol, a la organización de concursos y al asesoramiento de bodegas.

    Tras su ingreso en la Real Academia de Gastronomía en 1985, Mijares dedicó también parte de su tiempo a la escritura de libros didácticos, el último en 2020 titulado “El mágico camino de la cepa a la copa” y, sobre todo, hizo saltar por los aires el lenguaje impostado y engolado utilizado durante décadas por los estirados y petulantes hombres del vino de la época.

    Luchadora por los derechos de la mujer, feminista a su manera, de personalidad fuerte, autoritaria, mandona…pero, en el fondo, buena y generosa; Isabel inventó un vocabulario llano, divertido, irónico, mordaz y picante con el que aderezaba sus catas públicas.

    María Isabel Mijares ha sido para muchos La Gran Dama del Vino

    Consolidar el asociacionismo

    Quiero resaltar en estas líneas su esfuerzo por consolidar, en un país donde el asociacionismo siempre fue una quimera, un grupo de periodistas y comunicadores que hicieran piña en torno al vino y las bebidas espirituosas y su íntima relación con el sector de la gastronomía.

    Un esfuerzo que, por fortuna, es ya una realidad con más de 30 años de historia, de la que puedo dar fe como presidente de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y los Espirituosos (AEPEV) y como uno de sus fundadores con el número 6 en mi etapa de director de EFEAGRO.

    Isabel hizo suya la máxima de que “lo que no se comunica, no existe” y lo llevó como lema hasta el final. Fui con ella vicepresidente de la Asociación, secretario general y vocal y me introdujo en la Federación Internacional de Periodistas y Escritores del Vino y los Espirituosos (FIJEV), de cuyo Consejo de Administración formo parte, de la que fue vicepresidenta y, hasta su fallecimiento, delegada nacional de España.

    Abrir brecha

    Tuvo la osadía de abrir brecha en un sector totalmente masculino donde la presencia de una mujer, de rompe y rasga como ella, se hizo siempre notar entre tantos hombres, gracias a su empuje, su tesón, su carácter…cualidades que han permitido abrir camino a tantas mujeres de valía.

    Durante estos años mi relación con ella ha sido fácil, pese a la enorme cantidad de ocasiones en que no hemos estado de acuerdo con nuestras decisiones u opiniones, pero todas nuestras discusiones, algunas de gran calado, han acabado siempre con un acercamiento sincero porque ambos sentíamos un aprecio mutuo que siempre fue más allá de las miserias cotidianas.

    Isabel era y es sabiduría. Deja el legado de sus libros, sus artículos periodísticos, sus intervenciones en medios audiovisuales, su incursión en las redes sociales y deja, sobre todo, el recuerdo de una persona única e irrepetible que lo ha dado todo por el sector del vino. Descanse en paz.

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