El tempranillo de Bodegas Más Que Vinos aparece en Una batalla tras otra, la película protagonizada por Leonardo DiCaprio y ganadora de seis Oscar en 2026.
El vino es cultura y la cultura también es cine. En esa combinación entre ambos mundos, el vino “Los Conejos Malditos”, elaborado por Bodegas Más Que Vinos en la localidad toledana de Cabañas de Yepes, ha logrado un protagonismo inesperado en la gran pantalla.
Este vino castellano‑manchego aparece en la película Una batalla tras otra, dirigida por Paul Thomas Anderson y protagonizada por Leonardo DiCaprio, una de las grandes triunfadoras de los Oscar 2026, donde obtuvo seis estatuillas, entre ellas la de Mejor Película.
En una de las escenas del filme, el propio DiCaprio aparece bebiendo una copa de “Los Conejos Malditos”. Los responsables de la bodega, Margarita Madrigal, Alexandra Shmedes y Gonzalo Rodriguez, fueron alertados por su importador en Estados Unidos, que reconoció la botella en pantalla. La noticia llegó con sorpresa y entusiasmo a los elaboradores, conscientes de que una aparición de este tipo sitúa a su vino ante millones de espectadores en todo el mundo.
El nombre del vino tiene una historia muy ligada al propio viñedo. Según explica la bodega, procede de parcelas donde los conejos salvajes suelen atacar las cepas, atraídos por la calidad de las uvas. Su voracidad provoca rendimientos muy bajos, pero también contribuye a una selección natural que da lugar a uvas especialmente concentradas. De esa peculiar relación con el viñedo nació el nombre del vino, que se elabora en versiones blanco, rosado y tinto.

El vino
“Los Conejos Malditos” es un tempranillo (cencibel) ecológico procedente de viñedos situados a 750 metros de altitud. Su elaboración sigue una filosofía de mínima intervención, con fermentación espontánea mediante levaduras autóctonas.
Durante el proceso se combina uva entera y despalillada, con el tradicional pisado en depósito, mientras que la fermentación maloláctica se desarrolla en conos de cemento durante seis meses, una técnica que permite preservar la expresión más natural de la fruta.
El resultado es un vino joven de color cereza brillante, fresco y directo, que se embotella sin paso por madera, sin clarificar y sin filtrar. En nariz destacan los aromas a bayas rojas, cerezas y recuerdos de ciruela, mientras que en boca se presenta jugoso y equilibrado, con notas de frutos rojos y regaliz y una acidez bien integrada que deja un final largo y agradable.
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