jueves, agosto 18, 2022
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    Algo fresquito

    Adán Israel. Presidente de Asuman

    Este texto viene a propósito de la conversación que mantengo, a modo de mantra, todos los estíos calurosos, con los clientes que reniegan del vino, alegando que hace mucho calor. Y que por eso prefieren otras bebidas alcohólicas sin prejuicio de rebajarlas.

    Alimento sano

    Es sabido que el vino, además de un alimento sano y lleno de connotaciones culturales, es una delicia para el espíritu y además hay tantos tipos y tantas posibilidades que siempre hay una alternativa a refrescos súper azucarados y llenos de compuestos químicos. También hay que tener en cuenta el toque personal en el caso de que esa bebida refrescante sea servida por un profesional de la hostelería.

    De la zurra a la limoná

    Desde la zurra a la limoná, rebujitos o cuerva, tinto de verano, agua de Valencia, al refinamiento de un Kir Royale o la sencillez exquisita de una mimosa, creo que el que se ponga en mano de su camarero de cabecera puede descubrir un mundo de posibilidades en cuanto a tomar vino de una manera distinta al consumo habitual, fresco en una buena copa.

    El vino, servido en cualquier de sus muchas posibilidades, siempre es una alternativa a refresco súper azucarados y llenos de compuestos químicos

    De la misma manera que se baja la temperatura de cualquier otra bebida adrede, e incluso se le añade hielos para rebajar creo que hay un vino y un servicio de éste para cada momento.

    Esto lo llevo pensando hace mucho, reflexiones de un camarero durante las charlas de taberna mantenidas con clientes, una vez que empecé a formarme, a conocer el trabajo que lleva hacer ese whisky o aquel ron al que sin problema alguno se le añade hielo, agua o incluso refrescos, y ¡tan rico! Yo me pregunto ¿por qué no le damos más visibilidad a la coctelería con vino?

    Víctor Martín

    Mi compadre Víctor Martín es el presidente de los bármanes de Castilla-La Mancha, además de sumiller y hostelero de toda la vida, toda, literal. Con él he aprendido multitud de recetas, y he observado lo agradecidas que son, sobre todo cuando el calor aprieta. Además de su valor gastronómico hedonista, son nutricionalmente más sanos y me gustan más porque llevan vino.

    No hay nada más refrescante que una zurra bien hecha, vino con azúcar y fruta rebajado con hielo y agua al gusto. Con las posibilidades que tiene y lo poco que se trabaja.

    El famoso tinto de verano, en copa con mucho hielo, un twist de naranja, un toque de vermú y caña para sorber, que refresca más.

    Rebujito

    No hay mucho que decir del rebujito, “pilicrín” le llamaba un amigo andaluz cundo me sirvió una copa de Pale Cream con Ginger Ale, corteza de limón y mucho hielo pilé. Por poner un ejemplo de las variaciones al fino con refresco de lima/limón.

    Creo que una opción elegante y fresca para no consumir vino en la más pura de sus versiones es, por ejemplo, la mimosa, un clásico basado en vino espumoso con zumo de naranja. Seguro que el lector ya está imaginando posibilidades.

    Creo que dejo claro mi punto de vista. El vino es un alimento saludable si, como todo, es consumido con moderación. Y es la mejor alternativa a destilados y licores. Sobre todo, cuando se decide consumir combinados con la intención de dar de lado a la bebida más gastronómica que ha conocido la humanidad, y quién sabe si más allá.

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