Más de 80 profesionales analizan en Ciudad Real cómo acompasar el crecimiento del cultivo del pistacho en Castilla-La Mancha con la disponibilidad del agua, el riego eficiente y las necesidades de una producción que seguirá aumentando.
El crecimiento del pistacho en Castilla-La Mancha abre una nueva etapa en la que ya no basta con hablar de superficie, producción o nuevas plantaciones. La disponibilidad de agua y su utilización eficiente se perfilan como uno de los grandes condicionantes para el desarrollo futuro del cultivo en una región que ronda ya las 70.000 hectáreas plantadas.
Más de 80 productores, técnicos, cooperativas, investigadores y empresas relacionadas con el sector se reunieron este 23 de octubre en la Cámara de Comercio de Ciudad Real durante la jornada «Pistacho y agua. Un binomio necesario para el desarrollo del sector», organizada dentro de la iniciativa «En ruta hacia el #WPC2027».
El encuentro llega después de varios años de fuerte expansión del cultivo y cuando buena parte de las plantaciones regionales todavía no han entrado en plena producción. Tras una campaña de 2025 que terminó con cifras históricas en Castilla-La Mancha, con alrededor de 11.000 toneladas de pistacho seco, las previsiones para 2026 apuntan a una reducción próxima al 27 % debido a la vecería y a las heladas de marzo.
Crecer según el agua disponible
La principal cuestión planteada durante la jornada fue precisamente cómo gestionar esa expansión sin generar expectativas productivas alejadas de los recursos disponibles.
Joan Girona, investigador del IRTA y especialista en riego deficitario aplicado a cultivos leñosos, abordó las necesidades hídricas del pistachero y las estrategias que pueden utilizarse cuando la disponibilidad de agua es limitada.
El posterior debate, moderado por Irene Agüera, coordinadora del European Pistachio Council, reunió a Jesús Peñaranda, de Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha; Juan de Dios Cuberos, de Agroisa, y Llanos Simón, del ITAP de Albacete.
Entre las conclusiones planteadas aparece la necesidad de que el crecimiento de la superficie se produzca de acuerdo con las dotaciones de agua existentes, evitando tanto proyectos de regadío sin garantías suficientes como plantaciones de secano basadas en previsiones de productividad poco realistas.
La variedad, la elección del portainjerto y las técnicas de riego deficitario ofrecen posibilidades para adaptar el cultivo a distintas condiciones, aunque los participantes incidieron en la importancia de que este conocimiento llegue hasta el agricultor mediante asesoramiento técnico.
De la eficiencia hídrica a la planificación del cultivo
El debate sobre el agua no es nuevo para el pistacho regional, aunque ahora adquiere una dimensión diferente.
Un estudio conocido este año señalaba que el pistacho cultivado en Castilla-La Mancha utiliza aproximadamente seis veces menos agua por hectárea que el modelo de California, uno de los principales productores mundiales.
Ese dato refuerza la eficiencia relativa del sistema productivo regional, pero no elimina la necesidad de planificar el crecimiento de las explotaciones en función de los recursos disponibles.
El agua tampoco termina en el campo. El incremento previsto de la cosecha obligará a considerar las necesidades de las instalaciones de procesado y la capacidad del sector para absorber una oferta progresivamente mayor.
Durante la jornada se puso igualmente sobre la mesa la necesidad de avanzar en la organización de la cadena de valor y proporcionar estabilidad a una producción que puede mostrar importantes variaciones entre campañas.
Un sector que entra en una nueva fase
Juan Miguel del Real, presidente del Comité Organizador del World Pistachio Congress y director general de Cooperativas Agro-alimentarias Castilla-La Mancha, defendió la necesidad de continuar avanzando en la vertebración y profesionalización del sector y de reforzar la colaboración entre productores, industria, investigadores y comercializadores.
La organización del propio sector es otro de los asuntos que han adquirido protagonismo durante los últimos meses, con iniciativas encaminadas a reforzar la diferenciación y protección del producto regional, entre ellas el proyecto para que el pistacho de Castilla-La Mancha cuente con una Indicación Geográfica Protegida.
El crecimiento del cultivo obliga así a mirar simultáneamente al campo y al mercado: disponibilidad hídrica, productividad, transformación, calidad, comercialización y capacidad para estructurar una oferta que irá aumentando durante los próximos años.
El agua llegará también al WPC de Toledo
La jornada de Ciudad Real sirve de antesala del World Pistachio Congress, que se celebrará los días 27 y 28 de enero de 2027 en Toledo.
Ricardo Migueláñez, coordinador general del encuentro, defendió durante la jornada que el pistacho ha superado ya su consideración de cultivo emergente.
«El pistacho ya no es un cultivo emergente: es un sector que necesita un foro propio donde productores, industria, investigadores, comercializadores e instituciones se sienten a la misma mesa», señaló.
El congreso contará con más de una veintena de especialistas procedentes de Estados Unidos, Irán, Turquía, Italia y España y estructurará su programa en siete bloques que recorrerán la cadena de valor. Uno de ellos estará dedicado específicamente al riego y la eficiencia hídrica.
La cita, que supera ya los 130 inscritos, permitirá además medir la posición de España frente a los grandes productores mundiales de pistacho en un momento en el que Castilla-La Mancha concentra buena parte del crecimiento europeo del cultivo.
El debate abierto en Ciudad Real sobre la situación del pistacho en Castilla-La Mancha y el agua anticipa uno de los asuntos que marcarán la siguiente etapa de este producto regional. Con miles de hectáreas todavía pendientes de alcanzar su plena producción, el reto ya no consiste únicamente en aumentar superficie, sino en acompasar ese crecimiento a la disponibilidad de agua, la capacidad de procesado y la comercialización de una oferta que seguirá creciendo durante los próximos años.


