martes, junio 28, 2022
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    De los ranking y las puntuaciones

    Adán Israel. Presidente de ASUMAN

    Es un tema muy repetido pero sangrante por la parte que me toca, y eso que los hosteleros estamos empezando a aprender a manejar esto de los ranking y las puntuaciones, contestando y dejando “en visto” a los amables reseñadores.

    Entiéndase que esto, citado grosso modo y generalizando, lo expreso desde mi punto de vista. Al principio de todo, siempre hubo prescripciones de personas relacionadas que opinaban y recomendaban esto o lo otro, claro está siempre bajo la sospecha de estar manipulados por algún tipo de interés. L’Almanach des gourmands se publicó de 1803 a 1812 y ahí un noble rico francés comentaba lo que quería sobre los restaurants de Paris.

    Seguidores en vilo

    La polémica está servida. El público se enfoca en lo que dice un gurú y el personaje en cuestión se infla y desata su pluma dejando sus opiniones blanco sobre negro, buscando claro está mantener el candelero ardiendo y a sus seguidores en vilo. En la hostelería sabemos que no hay dos clientes iguales y que es imposible gustar a todo el mundo, pese a todo siempre se busca el agrado popular y ser recomendado en un medio público como buena opción, es un caramelo que no desagrada a nadie.

    Así, cuando llegaron guías como Michelin o Campsa/Repsol era un orgullo aparecer. Y si estar ahí era meritorio ya no les digo estar señalado con una estrella, sol o lo que fuera que te rotule como fuera de lo común. Era una crítica constructiva y no desmerecía sino a quien se lo retiraban de un año a otro, por los motivos que fueran. Discreto y elegante.

    Llegaron los gurú, y los discretos inspectores de las guías encontraron competencia en la imagen de un opinador que frecuenta las mesas y encuentra la manera de vivir de eso, gastrónomo o no. Suelen tener una manera de llevar a los medios su experiencia en tal o cual local, y en ocasiones lo puntúan. Reverendos escritores que en ocasiones se volvían mediáticos con sólo comentar la labor de otro. Así la imagen del crítico gastronómico llegó a la vida del hostelero. Que si fulano escribe en tal periódico, que si mengano en tal revista, que si te llena el comedor o te lo vacía…

    Profesionalidad

    En fin, se les suponía profesionalidad y estilo, al fin y al cabo, era la opinión de un experto, aunque sólo sea por la cantidad de mesas recorridas en años de oficio… Y al fin, después de abrazos y rabietas, desamores y despechos de los que sólo nos dábamos cuenta los del oficio y arrimaos, apareció internet y los mentideros populares, foros y portales que eran supuestamente más mediáticos que la prensa en papel, más dinámicos, y sobre todo más asequible con el paso del tiempo.

    A lo largo de estos treinta años de uso casero de internet ha habido de todo, pero estos últimos lustros, en lo relativo al tema que les traigo, están siendo más feroces con la hostelería. Aplicaciones para el móvil donde cualquier usuario puede escribir anónimamente una reseña con mejor o peor intención, sin ningún tipo de responsabilidad, y del estilo mejor no opino. Libertad de expresión lo llaman. Afirman que detrás de cada perfil hay un usuario que describe su experiencia y lo vota tal y como quiere. Y que esos foros están destinados para los consumidores que consultan la puntuación y ojean las opiniones para saber “la realidad”.

    Referencia a las reseñas

    Ahora bien, yo mismo ojeo Google y Tripadvisor, y veo que las puntuaciones son en referencia a las reseñas, algunas escritas ¡hace diez años o más!, reseñas que citan a camareros que ya no están, de locales que han cambiado de dirección o propiedad, casos que pasaron hace tanto que ni los trabajadores recuerdan. Además de esos pillos que contratan gente que les escriba reseñas benévolas o se las escriben ellos mismos, usando perfiles o móviles de amigos y clientes que ceden al ego del hostelero, en fin, un despropósito.

    Además de la escandalosa publicidad de los mismos portales que te invitan a pagar para estar mejor representado en su negocio. No nos olvidemos que estos portales web son un negocio. Quiero recordar a los amables lectores que escribir un número mínimo de letras y compartir unas fotografías no hace mucho, era remunerado. No sólo han conseguido que nos creamos escritores, críticos, fotógrafos e influencers, sino que han conseguido que lo hagamos en horas de asueto y gratis. Ahí lo dejo.

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