El hotel gastronómico de Sigüenza celebra un ‘Diez manos’ que ha unido a Samuel Moreno, José Antonio Medina, Miguel Carretero, Borja Marrero y Joan Capilla.
Relais & Châteaux Molino de Alcuneza ha querido convertir la celebración de su 30 aniversario en algo más que una fecha señalada. El hotel gastronómico de Sigüenza ha reunido en una edición muy especial de su “Diez manos” a cinco cocineros que comparten una misma forma de entender la cocina. Una cocina vinculada al territorio, al producto, a la memoria y a las personas que sostienen cada paisaje. El encuentro, celebrado en Guadalajara, ha servido para reivindicar una gastronomía de raíz, pegada al origen y capaz de generar identidad y futuro en el medio rural.
Con Samuel Moreno como anfitrión, la cita reunió a José Antonio Medina, al frente de Coto de Quevedo; Miguel Carretero, de Santerra; Borja Marrero, de Muxgo; y Joan Capilla, de L’Algadir del Delta. Entre todos suman cinco Estrellas Michelin, tres Estrellas Verdes Michelin, cuatro Soles Repsol y un Sol Repsol Sostenible, pero el mensaje del encuentro fue mucho más allá del reconocimiento gastronómico. La idea que sobrevoló la jornada fue que cocinar desde el territorio no es una limitación, sino una manera de construir una propuesta propia, con discurso, con raíces y con una fuerte conexión con el entorno.

El encuentro permitió reunir en una misma mesa cinco territorios muy distintos. Desde la Sierra Norte de Guadalajara al Campo de Montiel, pasando por Gran Canaria o el Delta del Ebro, cada cocinero llevó hasta Sigüenza una parte de su paisaje y de su forma de cocinar. El resultado fue un menú coral de 15 elaboraciones, en el que cada propuesta funcionó como una pequeña declaración de principios. Más que una suma de platos, fue una conversación entre cocinas que comparten una misma convicción: que el producto local, el oficio y el respeto por el territorio siguen siendo la mejor base sobre la que construir una cocina contemporánea.
Guardianes del Territorio
Molino de Alcuneza quiso que ese relato no se quedara solo en el plano gastronómico. La jornada tuvo también una fuerte carga simbólica y emocional. Junto a Blanca y Samuel Moreno estuvieron presentes Juan y Toñi Moreno, origen de una historia familiar que cumple tres décadas, así como los llamados “Guardianes del Territorio”, productores, artesanos y colaboradores que han acompañado al proyecto desde sus inicios. Todos ellos recibieron un reconocimiento por su contribución a la identidad del hotel y a una forma de entender la hospitalidad que no se limita al servicio o al alojamiento, sino que se construye desde la relación con la comarca, con sus oficios y con su cultura.
Ese es, en realidad, uno de los rasgos que han definido la trayectoria de Molino de Alcuneza. A poco más de una hora de Madrid, el antiguo molino harinero del siglo XV ha logrado consolidarse como uno de los grandes referentes de la hotelería gastronómica en España sin desligarse nunca de Sigüenza ni de su territorio. El proyecto ha crecido apoyándose en una red de agricultores, harineros, apicultores, salineros, truficultores, artesanos y vecinos que han dado forma a una identidad muy concreta, en la que el paisaje no es decorado, sino parte activa de la experiencia.
La cocina de Samuel Moreno
La cocina de Samuel Moreno fue el hilo conductor de ese discurso. Desde la Sierra Norte de Guadalajara, el chef seguntino volvió a mostrar una manera de cocinar que escucha el territorio y que se apoya en el pan, en las variedades recuperadas, en la despensa local y en el recetario cercano. Su propuesta convivió con la cocina manchega y cinegética de José Antonio Medina; con la mirada contemporánea de Miguel Carretero sobre la tradición castellano-manchega; con el trabajo de Borja Marrero en torno al producto de kilómetro cero y las variedades locales de Gran Canaria; y con la cocina profundamente ligada al paisaje y al agua del Delta del Ebro que representa Joan Capilla.

El encuentro incluyó, además del servicio gastronómico, una parte de convivencia y aprendizaje compartido. Los cocineros recorrieron el entorno de Molino de Alcuneza, conocieron parte de su despensa, participaron en un taller de panadería con masa madre y compartieron mesa con quienes forman parte del ecosistema del proyecto. Ese contacto directo con el paisaje humano del hotel reforzó la idea de que la cocina no se construye solo en el pase, sino mucho antes: en el campo, en el obrador, en la huerta, en la salina, en la granja o en la conversación con quienes sostienen el producto.
Un entorno mágico
Tras el acto institucional, el cóctel final en el jardín del hotel fue la traducción más visible de todo ese planteamiento. Allí aparecieron la caza y los guisos manchegos, la cocina atlántica de Canarias, la tradición arrocera del Delta del Ebro, el trabajo con masas madre y el producto local de Guadalajara. Cada bocado hablaba de un territorio concreto, pero el conjunto componía una lectura común: la de una cocina española que encuentra parte de su fuerza en la diversidad de sus paisajes y en la fidelidad a sus orígenes.
Este “Diez manos” forma parte del programa especial con el que Molino de Alcuneza está celebrando sus 30 años bajo el lema “30 años creando territorio”. A lo largo de 2026, el hotel acogerá encuentros con productores, jornadas gastronómicas, catas y experiencias pensadas para acercar a los visitantes al universo humano y gastronómico que da sentido al proyecto. Más que una agenda de aniversario, la programación quiere funcionar como homenaje a quienes han ayudado a construir esta identidad durante tres décadas.

