El stand regional concentra showcookings, catas y producto de origen, con una destacada sesión dedicada al vino y al papel de las mujeres en la gastronomía.
Castilla‑La Mancha ha vuelto a tener una presencia destacada en Madrid Fusión 2026 a través del espacio Raíz Culinaria, donde del 26 al 28 de enero se desarrolla una intensa agenda de actividades centradas en la gastronomía regional, el producto de origen y el talento de cocineros, sumilleres y productores de las cinco provincias.
La edición de este año, que se celebra bajo el lema “El cliente toma el mando”, es la más internacional hasta la fecha y refleja una nueva realidad gastronómica marcada por un comensal cada vez más informado y exigente. En este contexto, el stand de Raíz Culinaria sirve como escaparate de una cocina que combina tradición, vanguardia y orgullo por el origen.
Showcookings, producto y experiencias gastronómicas
Durante las jornadas del congreso, el espacio de Castilla‑La Mancha está acogiendo showcookings, catas y degustaciones que ponen en valor la diversidad culinaria del territorio. Entre las actividades destacadas del martes figura el showcooking del chef José Antonio Medina, del restaurante El Coto de Quevedo en Torre de Juan Abad (Ciudad Real), con una propuesta basada en la caza y la gastronomía tradicional del entorno, fundamentada en el producto local y la cocina de raíces. El restaurante cuenta con una estrella Michelin y un Sol Repsol.
Además, se han presentado iniciativas como la Ruta del Queso Manchego, junto a degustaciones orientadas a mostrar el potencial gastronómico de la región desde una perspectiva experiencial.
Cata de vinos y quesos con mujeres en gastronomía
Uno de los momentos destacados del martes de Raíz Culinaria en Madrid Fusión 2026 fue la cata de vinos protagonizada por mujeres vinculadas al sector vitivinícola de Castilla‑La Mancha, a la que Revista ALIMENTOS estuvo presente como medio. Bajo la agrupación Mujeres en Gastronomía, la sesión ofreció una mirada transversal al viñedo y al vino de la región, poniendo el foco en el papel de las mujeres como elaboradoras, viticultoras y responsables de proyectos con identidad propia.
La cata planteó un recorrido por distintos territorios, estilos de elaboración y generaciones, evidenciando la diversidad del panorama vitivinícola castellanomanchego, desde proyectos de mínima intervención hasta bodegas cooperativas con fuerte arraigo histórico. Moderada por Isabel Peces, la sesión reforzó el mensaje de la asociación Mujeres en Gastronomía bajo su lema “el talento no tiene género”, subrayando la profesionalización, la sostenibilidad y el compromiso con el territorio.

Entre los vinos presentados figuró Torres Filoso, de Villarrobledo (Albacete), un proyecto centrado en vinos ecológicos artesanales de mínima intervención, representado con Burbu ancestral, un vino de gran intensidad aromática, frescura y burbuja natural, resultado de una fermentación que finaliza en botella.
A continuación fue el turno de Carlota Rupérez, de Bodegas Antonio Serrano (Villarrobledo), un proyecto que combina la crianza en tinajas centenarias con técnicas de enología moderna. Su vino Las Marianas, un airén con crianza en tinaja de barro y barrica de roble francés, ejemplificó la reinterpretación contemporánea de variedades tradicionales de la región.
Desde la ribera del río Júcar, María García, de Bodega María de la Recueja, dio a conocer La Ravera Macabeo Orange, un vino elaborado con macabeo 100 % bajo la IGP Tierra de Castilla, vinificado con sus pieles y conservado en damajuanas. Como novedad, la añada 2024 incorpora una crianza de tres meses en tinaja de barro, reforzando su carácter y complejidad.
Desde el corazón de La Mancha, María José Moreno, de Bodegas Cristo de la Vega (Crisve), presentó El Yugo, un vino joven D.O. La Mancha elaborado a partir de tempranillo, syrah y merlot. Un coupage vegano, fresco y afrutado, que puso de relieve el papel de las bodegas cooperativas en la evolución y modernización del sector.
La sesión se completó con Altolandon, bodega situada en Landete (Cuenca) a 1.100 metros de altitud, representada por Rosalía Molina. Su propuesta, Altolandon by Rosalía, una garnacha centenaria con ocho meses de crianza en tinaja, reflejó el trabajo en altura y la influencia del entorno entre Cuenca, Valencia y Teruel.
La cata permitió trazar un mapa diverso del vino de Castilla‑La Mancha, desde elaboraciones experimentales hasta proyectos históricos, y reforzó la visibilidad del talento femenino en un sector clave para la identidad gastronómica y cultural del territorio.

